Este blog es un centro de información, un punto de reunión, una fuente de conocimiento de las aventuras y desventuras de cinco habitantes (o no) del mundo de los Reinos Olvidados, y de su aciago destino celta...

jueves, 18 de agosto de 2011

R.I.P. Nagash

Como acordamos en su día, he abierto el subforo de Nagash para vuestro disfrute, ya que su silueta encapuchada no será divisada nunca más en el horizonte de Faerun. Shar llora su pérdida. En su último aliento, sólo se maldijo por no poder cumplir la razón de su ser, la venganza. ¿Quién sabe si este sentimiento de rencor y odio le hará volver en otra pavorosa e innombrable forma? (idea para el master).
Al menos murió con su color de piel real...
El trasfondo lo postearé más tarde, no vaya a ser que a Kelsier le de por resucitarme xD

domingo, 27 de marzo de 2011

Prefacio

Kelsier abrió los ojos por enésima vez en la noche, cansado se froto los ojos, aunque lo intentaba no podía dormir, los nervios le atenazaban. El día siguiente iba a ser muy importante para el devenir de su vida, se jugaba bastante, bastante más de lo que hubiera imaginado unos meses atrás. Este pensamiento le llevó a recordar cómo había llegado hasta esta situación, y recordando cayó en un estado de duermevela mezclado con los recuerdos de los acontecimientos pasados.


Todo comenzó una mañana cuando después de largos años sus pasos le condujeron a de vuelta a su ciudad natal, Esmeltarán. La ciudad lucía bulliciosa, era día de mercado y las calles estaban repletas. Locales y extraños se afanaban para conseguir llegar a su destino cosa harto complicada con las calles tan repletas. Kelsier sonreía mientras avanzada a lo largo de calles y calles repletas de gente, había olvidado lo que era caminar por Esmeltarán, y más aún ya había olvidado lo que le gustaba pasear por sus calles cuando estaban como en esta ocasión llenas a más no poder. Andar a trompicones entre la gente, sentir el contacto del resto de transeúntes, los inesperados empujones, como un río en el que a veces te dejas llevar por la corriente y otras tienes que nadar para llegar a tu destino.

Además este tipo de ríos está repleto de tesoros y todo el mundo sabe que los tesoros están para el que quiera ir a recogerlos. A lo largo de la caminata encuentra un transeúnte que camina despistado, colgando del cinturón lleva un saquillo con lo que seguro es el dinero que espera gastar en esta mañana de mercado. Kelsier se dispone a seguirle pero no es fácil seguir la pista por las intrincadas callejuelas repletas de gente. Pero aún así con esfuerzo se coloca cada vez más cerca, más cerca, un poco más, un pequeño empujón.

“Perdone caballero no pretendía empujarle, es tremendo como se pone esta ciudad en día de mercado.” Kelsier se disculpa con una enorme sonrisa.

”No te preocupes mediano, hace falta algo más que un pequeño empujón para acabar conmigo en el suelo.” Responde el despistado transeúnte mientras se aleja.

Kelsier prosigue su camino de manera disimulada y cuando su víctima desaparece entre el gentío admira su botín, no está de suerte, la bolsita que le arrebató a un transeúnte despistado no contiene más que unas míseras monedas de cobre. Seguro que la bolsa con el resto del dinero la llevaba escondida y esa no era más que un señuelo para evitar ser robado, como puede haber caído en un truco tan viejo. Pero no es en buscar tesoros en lo único en lo que Kelsier dedica su tiempo. Sumergido en esa corriente Kelsier paseó toda la mañana por las calles de su ciudad admirándola en toda su belleza y reencontrándose con todo aquello entre lo que se crió, nada había cambiado, caras conocidas aquí y allá, los mismos forasteros en día de mercado, las tiendas los barrios, todo igual. El camino le llevó a la vieja panadería, en su niñez había convertido esa panadería en su lugar favorito, vendían unos palos de pan duro que eran sus favoritos. Se decidió a entrar, al menos sacaría utilidad a las monedas de cobre que había conseguido si seguían confeccionando esas chucherías. Al entrar se sorprendió de ver tras el mostrador a la vieja panadera que atendía el negocio en tiempos de su niñez, el tiempo no pasaba por ella, ya era vieja en aquella época y ahora algo más encorvada pero con la misma cara sonriente apoyada en su bastón como único descanso tras el mostrador esperando atender a sus clientes.

“Buenos días querría 3 monedas de cobre en palos de pan, por favor, he oído que en esta tienda hacen los mejores del mundo.” La panadera le responde con un gesto de modestia mientras comienza a llenar una bolsita con los deliciosos manjares.

“No sé si serán los mejores del mundo pero me alegro de que se aprecie mi trabajo.” Mientras la anciana camarera le sirve unos caramelos llaman la atención de Kelsier y con un rápido movimiento intenta coger unos pocos pero cuál es su sorpresa al recibir un bastonazo de la anciana tendera.

“Tres monedas de cobre en palos de pan y eso es lo que recibirás, no te oí decir nada de dulces de caramelo, ni que me dieras las monedas para pagarlos.” Kelsier se frota la mano dolorido, mientras la anciana termina de cerrar la bolsa. “He visto ese movimiento innumerables veces antes.” Dice la anciana mientras le examina pensativa con sus pequeños ojillos perdidos entre las innumerables arrugas de su cara. “¿No serás el pequeño Periago?, aquel jovencito tenía una enorme debilidad por los caramelos y lo ajeno.”

“Me llamo Kelsier señora, no sé quien será ese Periago al que se refiere, pero muchas gracias por los panecillos” Con un gesto de despedida Kelsier sale de la tienda, todavía con las manos doloridas procedió a comerse los palos de pan mientras continuaba su paseo por la ciudad.

Tras varias horas vagando entre las calles decidió que era el momento de hacer algo para calmar su hambre acuciante. En primer lugar pensó en ir a su casa donde en la despensa seguro encontraría algo que llevarse a la boca pero pensándolo con más detenimiento decidió ir a visitar a su tío Juri ya que con nadie mejor que la familia para convidar a una comida de bienvenida y si esa parte de la familia resulta ser inmensamente rica mucho mejor. Felicitándose por la buena idea que había tenido Kelsier se dirigió a casa de su tío. Al llegar le abrió la puerta el mayordomo.

“Señor, que sorpresa verle por aquí” saludó con una mueca de indiferencia.

“Hola Nestorio cuanto tiempo sin verte, veo que mi tío no te ha enseñado a sonreír todavía.” Respondió Kelsier sonriente mientras pasaba al recibidor.

“Me temo que no señor, me alegra ver que el señor por su parte conserva su sentido del humor” Contesta impasible el mayordomo. “Su señor tío se encuentra en su despacho me imagino que deseará saludaros”.

“Claro que sí Nestorio muchas gracias voy a ver qué tal está el viejo” Sonríe Kelsier y se dirige a una puerta al final del pasillo que parte del recibidor.

Al entrar en el despacho Kelsier se introduce en una nube de denso humo de pipa. Juri debe estar bastante preocupado normalmente solo fuma en estas cantidades cuando algo grave ocurre, piensa al entrar.

“¡Saludos tío Juri!, ¿Por qué eres tú el que está detrás de esta cortina de humo no es así?”

“¡Que grata sorpresa sobrino!, tu por aquí. La verdad es que estaba pensando en ti, me vienes como caído del cielo” El viejo mediano se quita las lentes y levanta la vista de numerosos papeles que ocupan su mesa para contemplar a Kelsier. Sin dejar que este responda le asalta, “Ha surgido un gran problema y uno de mis más importantes negocios en Imnescar corre peligro de irse al traste, todavía no conozco la naturaleza del problema pero mi amigo Dubruck. ¿Le recuerdas?. Nos solía visitar cuando eras un niño. Dubruck me ha escrito pidiendo que le mande a alguien de confianza para solucionar ciertos asuntos. No se me ocurre nadie mejor que tu para mandar, así todo quedará en familia.”

Todavía asimilando las palabras de su tío Kelsier se echa mano a la bolsa de monedas en un gesto automático que le sale cada vez que oye hablar de una misión. Al verlo su tío ríe y le dice.

“Ya veo que el trabajo te interesa, tranquilo serás convenientemente recompensado a tu regreso ya sabes que en eso nunca he tenido problema. Si con alguien hay que ser generoso es con la familia”.

Kelsier sonríe y asiente.

“Por supuesto tío, por supuesto. ¿Y cuál será mi cometido exactamente?”

“Simplemente preséntate ante ese viejo enano cascarrabias y el te explicará mejor la naturaleza del asunto, su carta habla de urgencia pero no da más detalles.” “Partirás de inmediato” Dice Juri mientras ordena unos papeles. “¿Necesitarás algo para el viaje?”.

“No tío ya sabes que en esto de los viajes estoy bastante puesto” Responde Kelsier mientras comprueba todas sus pertenencias. “Llevo encima todo lo que necesito para partir.”

Su tío asiente complacido.

“Pues no se hable más, siento no poder charlar más contigo ya que hace tanto que no te veíamos por aquí pero a tu vuelta ya habrá tiempo. Comprende que es vital que llegues lo más rápido posible a Imnescar.”

“Por supuesto tío parto sin demora” Kelsier se despide de su tío y se dirige a la puerta.

“Y no te entretengas por el camino con ninguna tontería que te conozco, este trabajo corre mucha prisa”.

“Descuida tío seré raudo y veloz”. Kelsier sonriente se dirige a la puerta y tras un gesto de despedida a Nestorio se echa a la calle. Al final con las prisas ni comer ni nada, bueno será mejor que pase por la posada de camino a las puertas de la ciudad y compre algo para comer para el camino. Además estos encargos de mi tío suelen complicarse será mejor que consiga ayuda de algún tipo, en la posada encontrare algún conocido con ganas de viajar.

Desgraciadamente la posada a esas horas se encontraba desierta, la posadera y dos huéspedes, una elfa y un hombre, que compartían una frugal comida y amigable conversación. Tras comprar unas raciones de viaje se dirigió a la mesa de los dos únicos comensales.

“Saludos mi nombre es Kelsier. ¿Podría unirme a vosotros y compartir unos alimentos?”

La elfa era delgada y con pinta de haber vivido más tiempo entre arboles que entre paredes y se sobresaltó al ser abordada por el mediano, el hombre por el contrario era corpulento y más habituado al trato con personas como Kelsier le indicó que se sentara.

“Por supuesto donde caben dos caben tres, mi nombre es Willas y esta es Estigia”

Tras compartir unos pedazos de pan y queso y unos minutos de charla distendida Kelsier les abordó con la oferta de trabajo. Aunque hubiera seguido conversando con ellos de los más diversos temas no era preciso demorarse demasiado ya que su tío le había recordado con firmeza la urgencia de la misión.

“Acompañadme a Imnescar y os ganareis doscientas monedas de oro cada uno” Teniendo en cuenta que las recompensas de su tío por ese tipo de trabajo solían ascender a miles de monedas era un muy buen trato aunque no esperaba que fuera aceptado sin regatear. Pero para su sorpresa Willas respondió.

“La verdad es que llevo en esta ciudad más de lo que desearía y cambiar de aires me vendría bien. ¿Tú qué opinas Estigia te apetece un paseo?”

Estigia asintiendo con firmeza también acepto la oferta sin importarle demasiado la cantidad acordada para sorpresa de Kelsier

“Si yo también empiezo a echar de menos un poco de movimiento y salir fuera de las murallas de esta ciudad. ¿Cuándo partiríamos?”. Preguntó dirigiéndose a Kelsier.

Este plenamente satisfecho con el buen precio conseguido por la ayuda respondió.

“Ya que os veo tan dispuestos ahora mismo, sin dilación, recoger vuestros pertrechos y partamos.”

martes, 8 de marzo de 2011

Piedra de orientación


Esta reliquia no es más que una piedra brillante a ojos del observador inexperto. Nada más lejos de la realidad, este pequeño objeto resulta de incalculable valor para el aguerrido aventurero. Especialmente útil por la noche o en cavernas y otros sitios oscuros, esta piedra emite una potente luz focal en sintonía con la mente del portador. Si este busca el camino a la posada, la piedra emitirá una luz contínua en su dirección. Si huye de una jauría de lobos, la piedra iluminará el mejor camino para escapar. Parece que este mágico objeto establezca un vínculo de empatía con su dueño. Quizá sea buena idea si alguien llegara a toparse con este objeto único engarzarlo en una espada, daga, bastón, o similar. De esta forma tendría una mano libre que en otro caso tendría que usar para llevar la clásica antorcha.
Este objeto fue visto por última vez en manos de Giogini Wyvernspur, de los Wyvernspur de Cormyr, pero ahora su paradero es desconocido.
Ya sea buscando la salida de la mazmorra más laberíntica o alumbrando al no muerto furtivo, esta piedra salvará la vida de su poseedor en multitud de ocasiones.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Pnjs: ???

¿Quién es?
¿Por qué lo hizo?
¿Está implicado en todo esto?

sábado, 19 de febrero de 2011

Coincidencia

Trevor caminaba escondiendose por las calles mientras aún aturdido repasaba los acontecimientos de los últimos días. Era curioso respirar en libertad otra vez cuando ya habías dado todo por perdido, bueno, relativa libertad. Mientras pensaba esto último se froto la mano derecha con preocupación.
Todavía no era capaz de comprender todo lo que había pasado, y realmente no confiaba en comprenderlo nunca. Era como una pesadilla de la que no estaba muy seguro de haber despertado.
Miró hacia el cielo, al menos Milen seguía con él, era lo único que le daba ánimos y le hacía continuar andando.
Mientras su cabeza daba mil vueltas su cuerpo iba dando tumbos de callejón en callejón. Al cabo de un rato de deambular vió a una figura embutida en una capa que se acercaba a leer un cartel pegado en una pared. La forma de andar y la silueta le parecieron conocidos pero en el estado de aturdimiento que se encontraba no se fiaba ni de si mismo así que se acercó a comprobar...

jueves, 17 de febrero de 2011

El paseo de Nagash: Ida

Nagash estaba demasiado excitado. La cabeza le deaba vueltas y ese condenado bichillo no dejaba de hacer extraños sonidos. No podía creer que alguien pudiera tener como mascota algo tan molesto. Además, le recordaba a su fiel buho Isfet. Nunca se perdonará haber descuidado a su fiel amigo de esa forma...
Mientras pensaba en todo eso, se dio cuenta de que llevaba más de media hora intentando descifrar el mismo símbolo arcano. Hacía mucho tiempo que no salía de allí. Era medianoche, el momento del día preferido por Nagash. Decidió salir a observar la luna.
Al salir, algo llamó su atención.
Le pareció que el sueldo era un poco ajustado, pero desde luego, su saldo actual no le permitía reprochar tales ofertas. Quizá si le encomendaran alguna misión que no interfiriera con sus objetivos...
Aún así, tenía demasiadas cosas en mente. Los últimos acontecimientos no le dejaban pensar con claridad. Algo no muy habitual en él. Necesitaba llegar al fondo de todo aquello a cualquier precio, pero era demasiado para él sólo. Esperaba poder convencer a sus compañeros sobre la gravedad del asunto, pero le preocupaba que las limitaciones a las que se veía sometido ahora no le permitieran hacerlo.
En el camino de vuelta, otro panfleto llamó su atención...

Torneo de combate por parejas.






Oferta de trabajo

*Carteles aparecen por todo Amn, en posadas y demás lugares donde los aventureros suelen reunirse*


Día 1 - El comerciante

Llevaban cabalgando todo el día por el camino que une Esmeltaran con Gambiton en su camino hacia Imnescar. Formaban un grupo de lo más variopinto. Un humano, una elfa y un mediano. Willas, Estigia y Kelsier respectivamente.
El día anterior Kelsier había reclutado a Willas y a Estigia para llevar acabo un encargo en Imnescar a cambio de doscientas monedas para cada uno. Durante el camino no habían intercambiado más que palabras de cortesía a pesar de que el mediano, con su caracter alegre, al inicio de la jornada intentó amenizar el viaje con buena conversación, a los pocos kilómetros desistió en vista del éxito obtenido.

Empezaba a anochecer cuando decidieron preparar un refugio para pasar la noche, Kelsier y Estigia se encargaron del refugio, mientras Willas se dirigió al bosque en busca de madera para encender un fuego. Al poco rato volvió con maderos suficientes. Con el refugio preparado y el fuego encendido, estaban ya preparados para cenar algo cuando a lo lejos empezaron el ruido de cascos de caballos. Alertados se acercaron al linde del camino donde prepararon su armas por si había algún problema, Willas preparó su espada, Estigia su arco y Kelsier su estoque.

El ruido se hizo más intenso y la imagen más clara, era una carroza tirada por dos caballos, aparentemente guiada por un comerciante humano, iba a galope tendido, claramente tenía prisa por alcanzar pronto su destino. Como no aparentaba peligro se acercaron al camino sin bajar la guardia del todo, cuando el comerciante les vio detuvo la carroza.
- Saludos - dijo el comerciante. Su voz sonaba segura pero sus gestos indicaban nerviosismo.
- Saludos comerciante- respondió el mediano.
El comerciante repaso al grupo con una mirada rápida, fijandose así en los atuendos de clérigo de Willas.
- Veo que sois hombres de armas, tal vez podamos ayudarnos. Necesito a alguien que me escolte hasta Gambiton, está oscureciendo y quiero evitar estar fuera de los muros antes de que cierre más la noche- dijo con tono apresurado mirando al cielo.
- Con tantas prisas creo que se te ha olvidado hablar del dinero - dijo el mediano con una sonrisilla en la boca.
- ¿Dinero? - dijo con nerviosismo - Esto es un intercambio, nos acompañamos mutuamente y así conseguimos una travesía más segura y además así consigo poner estos trajes a buen recaudo- dijo esbozando una sonrisa señalando con un gesto la carroza.
- En ese caso creo que no hay trato, ¿o acaso tu regalarías tus trajes? Esto no deja de ser un intercambio comercial, no creo que tenga que explicarle a un vendedor experimentado como funcionan.
- Tenéis razón, os puedo ofrecer doscientas monedas de oro por cabeza, pero partamos rápido, cada vez está más oscuro - mientras hablaba miraba nervioso hacia los lados y detrás como esperando que en cualquier momento alguien malintencionado apareciese.
Se pusieron a discutir entre los tres sin dejar que el comerciante les oyera.
- A mi me parece un buen trato, está en nuestro camino, y podemos ganar algo de dinero - dijo Willas.
- Yo creo que le podríamos sacar algo más, pero es dinero regalado, por lo que nos informamos en Esmeltaran este tramo del camino es seguro - apunto Estigia.
- Vamos decidiros rápido, no tengo todo el día, si no os decidís ya me voy - dijo apresurado, cada vez más nervioso.
Los aventureros accedieron, recogieron sus pertrechos, ensillaron a los caballos y encararon el camino. Durante el tiempo que llevó realizar esto Kelsier no se podía quitar una cosa de la cabeza, "¿qué clase de trajes cuestan tanto como para contratar a tres desconocidos en medio de un camino?", estaba dispuesto a averiguar qué eran en realidad esos "trajes".
El comerciante puso la carroza al galope, Willas y Estigia iban a izquierda y derecha respectivamente mientras Kelsier iba en la retaguardia. Mientras galopaba Kelsier trataba de acercarse a la puerta de la carroza, cuando lo consiguió observó la cerradura, ese candado no podía ser para unos simples trajes, ahora estaba seguro, el comerciante ocultaba algo y su curiosidad no paraba de crecer.
De repente al girar un recodo del camino, un tronco atravesado en medio de este hizo que el comerciante tuviera que frenar en seco la carroza, y los jinetes se vieron forzados a parar.
- ¡Esto no me gusta nada! ¡Rápido retirar los troncos!
Estigia y Willas se pusieron a ello, pero el tronco pesaba mucho y les iba a llevar tiempo. Kelsier mientras tanto, con un presentimiento de que algo no iba bien, se salió del camino por el lado que quedaba a su izquierda. Se movía sigilosamente por el linde del bosque, alejándose del camino poco a poco, sin hacer nada de ruido, sus pasos eran ligeros como plumas. De repente a su derecha escuchó el movimiento de la maleza, al girar la cabeza hacía el ruido, se materializaron tres sombras que pasaron a su lado sin percatarse de su presencia. No había lugar a dudas, lobos.
Kelsier salió de entre los arboles rápidamente para alertar a sus compañeros.
- ¡Cuidado! ¡Lobos!
Rápidamente Willas y Estigia sacaron sus armas y se prepararon para el combate. Kelsier preparó su estoque mientras se refugiaba tras el tronco para usarlo a modo de parapeto a la vez que una luz resplandecía y envolvía el cuerpo de sus compañeros.
Los lobos salieron del bosque y se abalanzaron contra Willas. Este los paró con el escudo, parecía que los lobos no podían atravesar su armadura mágica, Kelsier trataba de aprovechar que los lobos estaban centrados en Willas para atacar el flanco de uno de los animales pero su intentos eran inútiles. Estigia mientras lanzaba flechas que si bien pasaban muy cerca de los lobos, no llegaban a impactar en estos.
Kelsier en vista de que sus ataques eran inutiles y como se había dado cuenta de que Willas podía lidiar con los tres animales, rodeó el tronco y se dirigió a la parte de detrás de la carroza para ver esos "trajes" aprovechando la distracción, cuando se disponía a intentar abrir la cerradura, divisó dos puntos rojos en la otra orilla del camino.
-¡Estigia! ¡Dispara ahí, donde esos arbustos!
Estigia no veía los que Kelsier le estaba señalando, cerró los ojos para concentrarse, tenía el arco tenso y la flecha estaba colocada. Arco, flecha y arquera eran una sola entidad en ese momento. De repente abrió los ojos y fijó la vista donde le señalaba el mediano, y la flecha voló.
A los pies de Willas yacía el cadáver de uno de los lobos.
La flecha cortaba el aire mientras volaba hacía su objetivo, al impactar un aullido inundó la noche y erizó el pelo de los presentes en ese camino. El comerciante que hasta ese momento había estado lanzando flechas con un ballesta desde la carroza se quedó petrificado.
Tras el aullido, el sonido de un cuerno lleno la noche.
Los lobos giraron sobre si mismos y se dispusieron a huir, antes de que pudieran escabullirse, Willas aprovechó la oportunidad que le brindó uno de ellos y cercenó la cabeza de el lobo dejando otro cadáver canino a sus pies.
Los ojos del otro lado del camino desaparecieron, "¿un cuerno?" pensó Kelsier sorprendido, y repentinamente se lanzó hacía los arboles, iba moviéndose rápido, sus pies no emitían sonido alguno al pisar entre la hojarasca, de repente lo vio, entre dos arboles observó como una figura antropomorfa pero con rasgos de lobo se retiraba fuera del bosque.
Cuando volvió con sus compañeros, estos ya habían retirado el tronco con la ayuda del comerciante, ya repuesto, y de los caballos.
Kelsier guardó para si lo que había visto para no alarmar al comerciante, ya tendría tiempo de decírselo a Willas y a Estigia al día siguiente.
Reanudaron el galope y sin más contratiempos llegaron a las puertas de Gambiton. Estaban cerradas.

martes, 15 de febrero de 2011

Knirmara


Knirmara nació en una familia de músicos elfos que vivían en los lindes del bosque de la serpiente, cerca de la ciudad de Keczula. Al poco tiempo de vivir allí, cuando solo tenía 11 años, un buen día de verano salió al bosque sola y se perdió. No supo regresar a casa, no sabía orientarse y después de varias horas sin comida y bebiendo de lo poco que encontraba se encontró con una caravana q se dirigía hacia el lago Esmel.
La niña se quedo con ellos durante un tiempo, el trato con los diferentes mercenarios que se unían al servicio de protección de la caravana hizo q aprendiera a luchar. Pero cuando tenía 30 años decidió que estar ahí no era para ella, necesitaba ver mas mundo a parte de lo que allí había.Cogió sus cosas y marchó en busca de aventuras.

Recorrió varias ciudades donde se ganaba la vida con lo poco que había aprendido de sus padres, cantando. Cuando llego a Imnescar oyó historias sobre unos libros y unas criptas, por lo que decidió obtener más información. Cuando sabia lo suficiente se dispuso a la búsqueda del libro, que se encontraba en la ciudad de Esmeltarán, donde hay una biblioteca bastante importante.

Se decide a ir para allá y en el camino se encuentra a Úldalar, un guerrero al que acompaña para unirse a él y sus compañeros.

¡Alto en el puente!



*Dos paisanos charlan animadamente tomándose un vino en "El Grano Maduro"

-¿Has oído lo de la loca esa del puente del Camino de Comercio?
-Calla, calla -responde el otro, haciendo un ademán con la mano como restándole importancia-
-Al parecer hubo un par de tipos que se quisieron aprovechar de la situación, y les salió caro, el viejo Zacarías, que presenció todo el asunto, dijo que esa mujer les había dado bien a ambos.
-Sí, he oído que ya cayeron unos cuantos, menos mal que a la gente "de bien" no nos molesta. Cosas de aventureros... -se encoje de hombros, dando a entender que ni le va ni le viene-
-Alguno la acabará venciendo, verás, eso de retar a todo tipo con pintas de aventurero que cruce el puente y ofrecerle tres favores en caso de que la derrote... -el paisano niega para si y apura su copa de vino-. Bueno, voy a recoger las patatas.

*Sonoro golpeteo de vaso en la mesa, y cada uno se retira a sus quehaceres*

Aventura: Nagash

Información sobre Amn:
Libros de interés:

La tumba de los Pnjs: Nathan Drinter

Nathan Drinter


Bdrd 4/ XXX 2/Gue1

At: +9

Daño: 1d6+3 (15-20x2)

TSR 8

TRF 3

TSV 6

Pg: 38

CA: 21 (22)

Conjuros: 6/3/2 3/3/1


Clase XXX

2/dia: Caida de pluma y Trepar cual aracnido.


Bardo:

0 Leer magia, detect magia, mano de mago, conocer la dirección, luz, cuchichear mensaje.

1.Alineamiento indetectable, inmovilizar persona, caida de pluma.

2.Invisibilidad, oscuridad.


Posesiones:

Top Secret

Trevor



Trevor es el menor de los dos hijos del guardabosques de un castillo cercano a Esmel. Creció en permanente contacto con el bosque y de su padre aprendió a moverse y sobrevivir en la naturaleza.

Durante su adolescencia Trevor comenzó a relacionarse con el apotecario del castillo que visitaba el bosque con frecuencia para recolectar los ingredientes de sus pócimas y para sus investigaciones de alquimia. De él aprendió a leer escribir y secretos de la alquimia. Poco a poco al ir tomando confianza el apotecario le desveló su posición de druida y le tomó como aprendiz.

La vida en el castillo no era la más adecuada para el desarrollo de sus habilidades como druida y su maestro estaba más interesado en su condición de alquimista. Debido a esto en pocos años Trevor aprendió todo lo que su maestro podía enseñarle. Como el puesto de guardabosques iba a ser ocupado por su hermano mayor Trevor decidió que había llegado la hora de tomar su camino y buscar otro maestro que le pudiera continuar enseñando los secretos de la naturaleza. Por ellos le pide a su maestro que le indique como podrá continuar su aprendizaje y dónde podrá continuar con su aprendizaje.

lunes, 14 de febrero de 2011

Nagash

Nagash es un mago con un conocimiento profundo de la no-muerte y la nigromancia. Creció en un templo de Ýergal cerca de la Puerta de Baldur, dedicado a registrar las muertes de gran parte de la región de Amn. Una tarea tediosa en la que debe escribirse el nombre del fallecido, circunstancias de la muerte y un sinfín de detalles que Nagash tuvo que repetir para cientos de personas cada año.
En su trabajo de escriba, también aprendió que la muerte no es algo malo ni bueno. Sólo algo inevitable. Nagash aún practica esta vieja costumbre de esta fe tan poco extendida, aunque no está claro si lo hace por creencia religiosa o por mera excentricidad.
En el templo, Nagash se escapaba de sus quehaceres y leía todo libro que caía en sus manos. Esto incluía algunos de naturaleza arcana, en los que se describían conjuros y hechizos, muchos de ellos relacionados con la muerte. Esto suponía para el pequeño Nagash un mundo de fantasía, algo sacado de un cuento de hadas, dada su vida cercana a la clausura y al desconocimiento del mundo exterior.
El mundo de Nagash dió un vuelco cuando vio ejecutar un conjuro por primera vez. Cuando murió su padre, siendo aún un niño, se escapó del templo en busca de conocimiento y poder. Nagash suele ser un tipo muy calmado menos cuando comportamientos caóticos o sin fundamento puedan llegar a afectarle. Creció sin mucha relaciones sociales, así que le cuesta comunicarse con los demás y le impacienta tener que discutir puntos de vista. Nagash siempre esconde su rostro detrás de una capucha, y hasta la fecha nadie con vida ha conseguido ver su rostro.