Llevaban cabalgando todo el día por el camino que une Esmeltaran con Gambiton en su camino hacia Imnescar. Formaban un grupo de lo más variopinto. Un humano, una elfa y un mediano. Willas, Estigia y Kelsier respectivamente.
El día anterior Kelsier había reclutado a Willas y a Estigia para llevar acabo un encargo en Imnescar a cambio de doscientas monedas para cada uno. Durante el camino no habían intercambiado más que palabras de cortesía a pesar de que el mediano, con su caracter alegre, al inicio de la jornada intentó amenizar el viaje con buena conversación, a los pocos kilómetros desistió en vista del éxito obtenido.
Empezaba a anochecer cuando decidieron preparar un refugio para pasar la noche, Kelsier y Estigia se encargaron del refugio, mientras Willas se dirigió al bosque en busca de madera para encender un fuego. Al poco rato volvió con maderos suficientes. Con el refugio preparado y el fuego encendido, estaban ya preparados para cenar algo cuando a lo lejos empezaron el ruido de cascos de caballos. Alertados se acercaron al linde del camino donde prepararon su armas por si había algún problema, Willas preparó su espada, Estigia su arco y Kelsier su estoque.
El ruido se hizo más intenso y la imagen más clara, era una carroza tirada por dos caballos, aparentemente guiada por un comerciante humano, iba a galope tendido, claramente tenía prisa por alcanzar pronto su destino. Como no aparentaba peligro se acercaron al camino sin bajar la guardia del todo, cuando el comerciante les vio detuvo la carroza.
- Saludos - dijo el comerciante. Su voz sonaba segura pero sus gestos indicaban nerviosismo.
- Saludos comerciante- respondió el mediano.
El comerciante repaso al grupo con una mirada rápida, fijandose así en los atuendos de clérigo de Willas.
- Veo que sois hombres de armas, tal vez podamos ayudarnos. Necesito a alguien que me escolte hasta Gambiton, está oscureciendo y quiero evitar estar fuera de los muros antes de que cierre más la noche- dijo con tono apresurado mirando al cielo.
- Con tantas prisas creo que se te ha olvidado hablar del dinero - dijo el mediano con una sonrisilla en la boca.
- ¿Dinero? - dijo con nerviosismo - Esto es un intercambio, nos acompañamos mutuamente y así conseguimos una travesía más segura y además así consigo poner estos trajes a buen recaudo- dijo esbozando una sonrisa señalando con un gesto la carroza.
- En ese caso creo que no hay trato, ¿o acaso tu regalarías tus trajes? Esto no deja de ser un intercambio comercial, no creo que tenga que explicarle a un vendedor experimentado como funcionan.
- Tenéis razón, os puedo ofrecer doscientas monedas de oro por cabeza, pero partamos rápido, cada vez está más oscuro - mientras hablaba miraba nervioso hacia los lados y detrás como esperando que en cualquier momento alguien malintencionado apareciese.
Se pusieron a discutir entre los tres sin dejar que el comerciante les oyera.
- A mi me parece un buen trato, está en nuestro camino, y podemos ganar algo de dinero - dijo Willas.
- Yo creo que le podríamos sacar algo más, pero es dinero regalado, por lo que nos informamos en Esmeltaran este tramo del camino es seguro - apunto Estigia.
- Vamos decidiros rápido, no tengo todo el día, si no os decidís ya me voy - dijo apresurado, cada vez más nervioso.
Los aventureros accedieron, recogieron sus pertrechos, ensillaron a los caballos y encararon el camino. Durante el tiempo que llevó realizar esto Kelsier no se podía quitar una cosa de la cabeza, "¿qué clase de trajes cuestan tanto como para contratar a tres desconocidos en medio de un camino?", estaba dispuesto a averiguar qué eran en realidad esos "trajes".
El comerciante puso la carroza al galope, Willas y Estigia iban a izquierda y derecha respectivamente mientras Kelsier iba en la retaguardia. Mientras galopaba Kelsier trataba de acercarse a la puerta de la carroza, cuando lo consiguió observó la cerradura, ese candado no podía ser para unos simples trajes, ahora estaba seguro, el comerciante ocultaba algo y su curiosidad no paraba de crecer.
De repente al girar un recodo del camino, un tronco atravesado en medio de este hizo que el comerciante tuviera que frenar en seco la carroza, y los jinetes se vieron forzados a parar.
- ¡Esto no me gusta nada! ¡Rápido retirar los troncos!
Estigia y Willas se pusieron a ello, pero el tronco pesaba mucho y les iba a llevar tiempo. Kelsier mientras tanto, con un presentimiento de que algo no iba bien, se salió del camino por el lado que quedaba a su izquierda. Se movía sigilosamente por el linde del bosque, alejándose del camino poco a poco, sin hacer nada de ruido, sus pasos eran ligeros como plumas. De repente a su derecha escuchó el movimiento de la maleza, al girar la cabeza hacía el ruido, se materializaron tres sombras que pasaron a su lado sin percatarse de su presencia. No había lugar a dudas, lobos.
Kelsier salió de entre los arboles rápidamente para alertar a sus compañeros.
- ¡Cuidado! ¡Lobos!
Rápidamente Willas y Estigia sacaron sus armas y se prepararon para el combate. Kelsier preparó su estoque mientras se refugiaba tras el tronco para usarlo a modo de parapeto a la vez que una luz resplandecía y envolvía el cuerpo de sus compañeros.
Los lobos salieron del bosque y se abalanzaron contra Willas. Este los paró con el escudo, parecía que los lobos no podían atravesar su armadura mágica, Kelsier trataba de aprovechar que los lobos estaban centrados en Willas para atacar el flanco de uno de los animales pero su intentos eran inútiles. Estigia mientras lanzaba flechas que si bien pasaban muy cerca de los lobos, no llegaban a impactar en estos.
Kelsier en vista de que sus ataques eran inutiles y como se había dado cuenta de que Willas podía lidiar con los tres animales, rodeó el tronco y se dirigió a la parte de detrás de la carroza para ver esos "trajes" aprovechando la distracción, cuando se disponía a intentar abrir la cerradura, divisó dos puntos rojos en la otra orilla del camino.
-¡Estigia! ¡Dispara ahí, donde esos arbustos!
Estigia no veía los que Kelsier le estaba señalando, cerró los ojos para concentrarse, tenía el arco tenso y la flecha estaba colocada. Arco, flecha y arquera eran una sola entidad en ese momento. De repente abrió los ojos y fijó la vista donde le señalaba el mediano, y la flecha voló.
A los pies de Willas yacía el cadáver de uno de los lobos.
La flecha cortaba el aire mientras volaba hacía su objetivo, al impactar un aullido inundó la noche y erizó el pelo de los presentes en ese camino. El comerciante que hasta ese momento había estado lanzando flechas con un ballesta desde la carroza se quedó petrificado.
Tras el aullido, el sonido de un cuerno lleno la noche.
Los lobos giraron sobre si mismos y se dispusieron a huir, antes de que pudieran escabullirse, Willas aprovechó la oportunidad que le brindó uno de ellos y cercenó la cabeza de el lobo dejando otro cadáver canino a sus pies.
Los ojos del otro lado del camino desaparecieron, "¿un cuerno?" pensó Kelsier sorprendido, y repentinamente se lanzó hacía los arboles, iba moviéndose rápido, sus pies no emitían sonido alguno al pisar entre la hojarasca, de repente lo vio, entre dos arboles observó como una figura antropomorfa pero con rasgos de lobo se retiraba fuera del bosque.
Cuando volvió con sus compañeros, estos ya habían retirado el tronco con la ayuda del comerciante, ya repuesto, y de los caballos.
Kelsier guardó para si lo que había visto para no alarmar al comerciante, ya tendría tiempo de decírselo a Willas y a Estigia al día siguiente.
Reanudaron el galope y sin más contratiempos llegaron a las puertas de Gambiton. Estaban cerradas.
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